11 may. 2017

Video de la "I Lectura de los 17 Decreta Leoneses" en el día 22 de abril de 2017.


TRIBUNA
De D. JOSÉ MANUEL DÍEZ ALONSO.
León, 22 de abril.

El 22 de abril unos cuantos leoneses, ante la Real Colegiata Basílica de San Isidoro, hicieron una lectura pública de diecisiete de los decretos aprobados por las Cortes leonesas de 1188, en un acto cuya singularidad me propongo caracterizar.

La puesta en escena fue sencilla, sin estudiados protocolos, sin estrados, sin más que un micrófono y una megafonía de escasa potencia. En algo menos de media hora, Juan Pedro Aparicio leyó un breve texto, los demás el decreto asignado, y, mal que bien, cantamos el Himno a León. Hubo pendones, trajes típicos y música de gaita. No hubo estridencias ni gritos. El único momento en que parte del público interrumpió el discurso fue cuando Juan Pedro Aparicio invitó a Felipe VI a acudir a la lectura en sucesivas ediciones.

Hasta aquí, lo que, así reseñado, podría parecer una discreta y conformista conmemoración de tipo historicista y folclórico. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, pues diversas circunstancias han hecho de ella un acontecimiento singular. Así, la lectura se realizó en un lugar señero, sin el apoyo de ninguna institución oficial y el día antes de la fiesta autonómica. Entre otros, leyeron un escritor varias veces laureado, un premio Cervantes y un académico de la española y, sin embargo, ningún representante institucional hizo acto de presencia, lo cual no es extraño si pensamos que los convocantes instaron a «la sociedad civil leonesa» a reivindicar «con la mayor firmeza», el legado de las Cortes celebradas en aquel lugar 829 años antes, y que ha resultado «reiteradamente oscurecido desde los estamentos oficiales». Tanto es el «oscurecimiento» que hace unos días, Juan Pedro Aparicio y José María Merino le afeaban en un medio de comunicación a la presidenta de las Cortes autonómicas que calificara las de 1188 como «de Castilla y León», en una de tantas burdas manipulaciones de ese instrumento al servicio del pancastellanismo llamado Fundación Villalar.

A la presidenta de las Cortes autonómicas: http://raigame.blogspot.com.es/2017/04/carta-la-presidenta-de-las-cortes.html

El escritor Juan Pedro Aparicio, en declaraciones a este mismo medio, dejaba traslucir un cierto hartazgo: «basta de confusiones». Asimismo, apuntaba con contundencia y claridad a la raíz del problema: «A León le falta poder político y sin poder político, en una España fragmentada en autonomías, es muy difícil no ya prosperar sino simplemente evitar el abismo».

La conclusión parece obvia: si León carece de poder político y desde los «estamentos oficiales» oscurecen una y otra vez el mejor legado histórico de los leoneses, es necesario alzar la voz y defenderse de esa Castispaña, neologismo acuñado por el mismo Aparicio para señalar un modelo ideológico de construcción simbólica y material de una España castellanocéntrica que, digámoslo sin ambages, es muy mal negocio para los leoneses. Es decir, los convocantes, de manera implícita estaban deslegitimando, de raíz, las instituciones autonómicas y aun la misma configuración territorial del Estado.

La falta de una autonomía leonesa ha resultado, desde hace más de treinta años, desoladora para los leoneses: hemos perdido población, industria y capacidad de decisión para resolver nuestros problemas. Si ello es así es porque carecemos de instituciones propias con poder político significativo y al mismo nivel clasificatorio que los asturianos, los gallegos o los extremeños. León no es un sujeto político, está subsumido en un conglomerado de provincias creado durante la Transición con maniobras de caciques al mando de partidos políticos que se repartieron las influencias y el poder autonómico.

No siendo un acto institucional, lo parecía. No pareciendo un acto rupturista, lo era. Y precisamente de esa paradoja nace su gran potencial disruptivo. Así, por el lugar, por la fecha, por el texto de la convocatoria y por la significación pública de los coordinadores, la lectura de los Decreta del día 22 de abril enfrente de San Isidoro constituye un hito en la exposición pública del conflicto político y territorial leonés.

Juan Pedro Aparicio, que ya hablaba hace unos 30 años de la «desazón leonesa», pretende que haya nacido entre nosotros una nueva costumbre. Constituye un reto para los leoneses el ser capaces de transmutar esa «desazón» en creatividad y desplegar toda la eficacia simbólica del 22 de abril.

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