1 dic. 2017

El año que viene.................

"Hace veinte años que tengo veinte años,
Veinte años y aún tengo fuerza,
y no tengo el alma muerta,
y me siento hervir la sangre.

Y aún me siento capaz
de cantar si otro canta.
Hoy que aún tengo fuerza
y aún puedo creer en dioses... "  

El mayor error del régimen del 78

TRIBUNA
CHRISTIAN FERNANDEZ CHAPMAN EDITOR 
28/11/2017
http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/mayor-error-del-regimen-78_1207310.html


Si hay un caso que evidencia de forma más clara los fallos del proceso autonómico (aquí bien sabemos que el café no fue para todos) y, por ende, del proyecto de la oligarquía castellano-española, ese es Castilla y León. León nunca destacó por sus reivindicaciones identitarias, más bien al contrario, pero durante la Transición se lograron dos hitos que hubieran sido tachados de delirios antes de la muerte de Franco: la marcha del 18 de marzo de 1978 —la primera expresión popular del deseo de autogobierno— sería considerada hoy día subversiva entre determinados partidos por exigir un referéndum para la Región Leonesa, y otra, más tardía, el 4 de abril de 1984, que supuso la mayor manifestación celebrada hasta el momento en la ciudad de León. 


1978- La llamada "Manifestación del Pescador" por su recorrido.

El Gobierno Civil de León, -obligo a los organizadores si querían obtener el permiso para manifestarse,- a hacer un recorrido, solamente por la orilla del río. 

Saliendo de S. Marcos los manifestantes recorrieron:  "La Condesa" hasta Guzmán, Papalaguinda hasta la Plaza de Toros y La Corredera hasta el Jardín de S. Francisco. Donde la manifestación fue disuelta.

 Nada de entrar en el centro de la ciudad. Nada que ver con los recorridos de las manifestaciones anteriores de "lealtad inquebrantable al régimen"

Eso si, esta manifestación deparo a los jóvenes leonesistas una de las mayores satisfacciones recibidas en los últimos 40 años.
 Pasar al lado del antiguo Asilo de León y ver las ventanas llenas de octogenarios leoneses, aplaudiendo  espontáneamente a los manifestantes... Es algo que no se olvida nunca.

No solo era una muestra de apoyo de nuestros abuelos a sus nietos indicándoles que estaban en el camino correcto...
Fue también un "sopapo en la boca", a aquellos políticos profesionales  que constantemente a través de los medios de comunicación, aseguraban que el leonesismo era un invento moderno.

 Cuando tienes apenas 20 años esto no se olvida.

Esta es una de las mejores fotos obtenidas, pero no hace justicia al numero de manifestantes, ya que aunque lo parece, no recoge a todo el conjunto. La marcha esta doblando la esquina y la cola aun no ha llegado a la Plaza de Toros.

Sin embargo, siguen pasándose por alto a la hora de explicar las causas estructurales de la situación sociopolítica actual. Decenas de miles de personas se pronunciaron en las calles durante la Transición a favor de un gobierno autónomo en una región rural, conservadora y atrasada, pero los hechos están completamente ausentes del relato oficial. Ahí sí, debo conceder, radica el triunfo de la maquinaria propagandística de la Junta de Castilla y León.
La idea de crear una unidad territorial en torno a la cuenca del Duero existía desde finales del siglo XIX, no se trataba de una ensoñación repentina de las élites postfranquistas.

 Durante la II República, el diputado socialista y presidente de la Federación de Obreros de Soria, Benito Artigas Arpón, realizó una exposición en el Congreso de los Diputados en la que denunciaba que «los que hablan del Estatuto castellano, incluyendo en él a León y Castilla, quieren más el poder hegemónico sobre Castilla y León que darles un Estatuto». Esta declaración resume con retórica gramsciana más de un siglo de conflicto territorial en la meseta.
 17/20 Mayo 1979
No todos los partidos socialistas cambiaron la "chaqueta" autonómica.

El PSP de Tierno Galván, aguanto su postura leonesista hasta ser fagocitado por el PSOE.

La dictadura, cercenado ya el debate regional tras la victoria de los sublevados, recurrió a la narrativa de Onésimo Redondo, falangista vallisoletano y propagandista del franquismo, alias Caudillo de Castilla, quien se refería a la «Castilla pequeña» —su particular interpretación populista de una Castilla circunscrita al ámbito geográfico de la meseta norte— como la esencia más pura de España. Se trataba de una visión demagógica y reaccionaria que tendría efectos en el imaginario colectivo español y en la construcción posterior de Castilla y León como ente autónomo. También sería una de las razones, si bien manipuladas ad hoc, aducidas posteriormente por Rodolfo Martín Villa para defender sus planes para León.

Recientemente en este periódico, Carlos Llamazares, promotor del Grupo Autonómico Leonés (GAL), denunciaba las «amenazas de cárcel» que sufrió por parte de Martín Villa como método de amedrentamiento por su empeño en alcanzar una autonomía leonesa. 
 Por establecer una comparación sangrante, el GAL tardó más de tres años en ser legalizado (1980), mientras que Adic, una asociación análoga que luchaba por la autonomía cántabra y que serviría de embrión al Partido Regionalista Cántabro, fue legalizada un mes después de su fundación, en 1976. Un margen de acción de tres años es una eternidad en un periodo de efervescencia social como la Transición.

Las «razones de Estado» y la «meseta fuerte» invocadas por Martín Villa para justificar la creación de Castilla y León con el fin de hacer frente a los nacionalistas periféricos (todo un triunfo a la vista de la crisis creada en Cataluña), cuyos antecedentes históricos están bien documentados, con intereses económicos y electorales evidentes, sirvieron también de excusa para cometer tropelías antidemocráticas contra unos jóvenes cuyo delito era defender un estatuto propio, cuyo fin primordial, establecido en su artículo 1, decía así: «Garantizar el derecho del pueblo de las Comarcas de la Región Leonesa a su autogobierno.»

Se hace necesario en este momento histórico arrojar luz sobre la trayectoria de la reclamación, desmontar lugares comunes y tornar la narrativa que nos obliga a creer que «aquí nadie hace nada». Hay actualmente varios colectivos trabajando en diversos frentes por el reconocimiento de León como sujeto político. Xuntanza, Proyecto León o Ciudadanos del Reino de León son tres ejemplos, con diferentes estrategias y en diversos grados, pero con un objetivo común: la consecución del autogobierno leonés. Ante el trompeteo que anuncia frívolamente la reforma de la Constitución y la apertura del debate territorial, cuídense de la aparición de otro Martín Villa en esta ola de nacionalismo recentralizador en la que estamos inmersos. Podría volver a cometerse el mismo error y blindarlo definitivamente.
 En 2018 habrán pasado 40 años desde que el Grupo Autonómico Leonés presentara su frustrado estatuto de autonomía de la Región Leonesa, es un buen año para conmemorarlo y reivindicar con más fuerza que nunca un nuevo pacto con el Estado.

No hay comentarios: